UN RINCÓN VIRTUAL QUE OBSERVA LA REALIDAD CON OTROS OJOS...

viernes, 25 de septiembre de 2015

EN MIS RATOS LIBROS (V): "EL ESPEJISMO DE LA CIENCIA" (Rupert Sheldrake)

Hay 7 millones de científicos en el mundo. Hombres y mujeres dedicados a la noble tarea de comprender cómo es la realidad mediante la investigación científica. O, al menos, eso intentan... Gracias a la cosmología, indagamos en los procesos que dieron lugar al origen del universo o a la formación de las galaxias, buscando asimismo respuestas a misterios como la materia oscura y la energía oscura; a través de la física cuántica, desentrañamos el enigmático mundo de las partículas subatómicas, llegando al reino más ínfimo de la materia; la microbiología, por su parte, se encarga de examinar los microbios, tanto los que posibilitan la vida como los patológicos, lo cual nos sirve para producir antibióticos, proteínas o como aplicación en biotecnología, entre otras cosas. El conocimiento científico, además, ha resuelto multitud de cuestiones erróneas difundidas en la antigüedad por la religión, como la teoría geocéntrica, que colocaba a la Tierra en el centro del Universo. Copérnico, Galileo, Kepler, Newton y muchos otros hombres sabios han aportado notables conocimientos científicos acerca del funcionamiento del mundo. La ciencia también ha llevado al hombre a la Luna y ha inventado el ordenador. En ciencia, ya se habla con total naturalidad de teletransporte de átomos, de multiversos y de viajes en el tiempo a través de agujeros de gusano. Aun así, y como bien señalaba el astrofísico Carl Sagan, "la ciencia está lejos de ser un instrumento de conocimiento perfecto. Simplemente, es el mejor que tenemos". La ciencia no es infalible. Se equivoca y mucho. A pesar de poseer un mecanismo incorporado de corrección de errores y huir de las verdades sagradas, está formada por seres humanos, con sus virtudes y miserias. Y, a veces, hay muchos intereses en juego para defender tal o cual teoría, para promover tal o cual investigación o... para manipular resultados. Hay sonoros fraudes científicos perpetrados para conseguir publicar en acreditadas revistas, como Science o Nature, y hasta para obtener el premio Nobel. No obstante, la ciencia mantiene su prestigio y poder a prueba de bombas. Su influencia es indiscutible. El establishment científico sigue unos criterios y una metodología muy estrictos, defendiendo sus postulados de forma excesivamente dogmática y celosa. Esa actitud desata el cientificismo, que observa con demasiada desconfianza aquellas ideas vanguardistas capaces de suscitar nuevos paradigmas. Surge así el enfrentamiento entre la ortodoxia y la herejía, haciendo acto de presencia científicos disidentes que se oponen a ese conservadurismo extremo, presentando teorías que ponen en entredicho modelos científicos que se consideran bien definidos y establecidos.   

Sobre esta cuestión, que me parece sumamente interesante, hay una obra excepcional: EL ESPEJISMO DE LA CIENCIA, del bioquímico Rupert Sheldrake (Edit. Kairós, 2013), cuyos trabajos vengo siguiendo desde hace muchos años. Es uno de esos científicos disidentes. Está considerado un "hereje de la ciencia". En su revelador ensayo Una nueva ciencia de la vida (1981), plantea una teoría revolucionaria: la existencia de campos morfogenéticos. Estos campos, según explica, "poseen una memoria inherente, que reciben mediante un proceso llamado resonancia mórfica". Su hipótesis, basada en pruebas experimentales, supone la existencia de una memoria en la naturaleza. Lo que sucede ahora está influido por lo que sucedió antes. Esos hábitos dependerían de la resonancia mórfica. Así pues, cuantas más personas aprendan una habilidad, más fácil les resultará a otras aprenderla, gracias a la resonancia mórfica de los practicantes previos. "Patrones similares de actividad resuenan a través del espacio y el tiempo con patrones posteriores. Esta hipótesis se aplica a todos los sistemas autoorganizados, incluyendo átomos, moléculas, cristales, células, plantas, animales y sociedades animales. Todos se inspiran en una memoria colectiva y a cambio contribuyen a ella", sostiene. Sus investigaciones en este terreno han sido aplaudidas, atrayendo el interés de diversos científicos de mente abierta, pero también han sido muy criticadas y repudiadas por los más conservadores. Su valía científica es cuestionada, pese a su vasto curriculum: estudió bioquímica en la Universidad de Cambridge y le concedieron una beca en la escuela de graduados de Harvard, donde estudió Historia y filosofía de la ciencia. Tras su doctorado, fue director de estudios en Biología celular y Bioquímica en Cambridge, además de investigador asociado de la Royal Society. Sus investigaciones sobre el envejecimiento de plantas y animales se publicaron en Nature en 1974. Pero el recelo que despertó entre sus colegas científicos pudo deberse, en gran medida, a su interés por el estudio de las facultades parapsicológicas, principalmente la ESP (Percepción Extrasensorial). "Descubrí que la navegación de las palomas era solo uno de los poderes inexplicados de los animales. Otra era la capacidad de algunos perros para saber cuándo sus amos están llegando a casa, al parecer telepáticamente", afirma. En algunas de sus obras, aborda estas cuestiones limítrofes del conocimiento. Son: Siete experimentos que pueden cambiar el mundo (1994), De perros que saben que sus amos están camino de casa (1999) y El séptimo sentido: la mente extendida (2003).     

"He sido científico toda mi vida adulta y creo firmemente en la importancia del método científico. Sin embargo, he llegado a convencerme de que las ciencias han perdido buena parte de su vigor, vitalidad y curiosidad. La ideología dogmática, la conformidad basada en el temor y la inercia institucional están inhibiendo la creatividad científica", denuncia Sheldrake en la obra que nos ocupa. En su particular cruzada, lucha por una ciencia más creativa, interesante y divertida, por derribar dogmas científicos inválidos o indemostrados y por erradicar tabúes intocables. Y todo ello lo expone, con ejemplos muy gráficos, en El espejismo de la ciencia. "Quiero que las ciencias sean menos dogmáticas y más científicas. Creo que las ciencias se regenerarán cuando se liberen de los dogmas que las oprimen", manifiesta. Algunos de los postulados científicos que cuestiona son: que todo es esencialmente mecánico; que toda la materia es inconsciente; que las leyes de la naturaleza son fijas; que la naturaleza carece de propósito; que las mentes están dentro de los cráneos y no son más que actividades de los cerebros; que los fenómenos no explicados, como la telepatía, son ilusorios; y que la medicina mecanicista es la única que funciona. "Juntas, estas creencias configuran la filosofía o ideología del materialismo, cuyo supuesto central es que todo es esencialmente material o físico, incluso las mentes", enfatiza.

En El espejismo de la ciencia, que supera las 500 páginas, el lector asistirá a un repaso exhaustivo de las ideas científicas que a lo largo de la historia han ido prosperando y convirtiéndose en modelos establecidos por consenso. Sin embargo, tienen muchos puntos débiles. Para Sheldrake, el reduccionismo científico es un fracaso y la filosofía mecanicista está equivocada. Cuestiona, asimismo, los argumentos dualistas-materialistas que, pese a haber proliferado durante siglos, no han ofrecido una explicación convincente respecto a la interacción entre el cuerpo y el cerebro. "El argumento más poderoso a favor del materialismo es el fracaso del dualismo a la hora de explicar cómo operan las mentes inmateriales y cómo interactúan con el cerebro. El argumento más poderoso a favor del dualismo es la inverosimilitud y la naturaleza contradictoria del materialismo", remarca.

A quienes nos interesan el mundo de las anomalías y los hechos inexplicados, el capítulo 9 de dicha obra, titulado ¿Son ilusorios los fenómenos psíquicos?, nos resulta muy enriquecedor, porque nos habla de los prejuicios científicos en torno a los fenómenos estudiados por la parapsicología, pese a ser una disciplina surgida de las investigaciones llevadas a cabo por hombres de ciencia, como los que formaban parte de la Society for Psychical Research, fundada en Londres en 1882. Sheldrake, como tantos otros científicos, no prestaba la menor atención hacia las supuestas facultades psi. "A lo largo de mi educación científica en la escuela y en la universidad, me convertí al punto de vista materialista y asimilé la actitud estándar hacia la telepatía y otros fenómenos psíquicos. Los despreciaba. No estudié la evidencia porque asumí que no había nada que mereciera la pena leer", reconoce. Pero influido por sir Rudolph Peters, un ex profesor de Bioquímica de Oxford que había examinado la telepatía y concluyó que realmente ocurría algo inexplicado, Sheldrake abrió su mente hacia esta cuestión y se puso a investigar por sí mismo, obteniendo resultados muy significativos. Todo ello lo describe detalladamente en dicho capítulo que, como los demás, no tiene desperdicio.

Hay que agradecer a la editorial Kairós, fundada en 1965 por el filósofo Salvador Pániker, que haya sacado a la luz en castellano esta fantástica obra en su colección Nueva Ciencia. Si algo caracteriza a esta editorial, de la que poseo muchas obras en mi amplia biblioteca, es la publicación de libros heterodoxos escritos por prestigiosos científicos, pensadores y filósofos. Obras de David Bohm, Michael Talbot, Charles Tart, Fritjof Capra, Stanislav Grof, Ken Wilber, etc. Textos muy recomendables, destinados a lectores muy exigentes que disfrutan adentrándose por terrenos poco explorados del saber.      


RUPERT SHELDRAKE
(Por Moisés)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

"VISITANTES DE DORMITORIO" (Moisés Garrido, 'Milenio', Radio Galega, 16-09-15)

Numerosas personas sufren lo que se conoce como "parálisis del sueño". En esos momentos, presencia una extraña 'entidad' junto a la cama. Puede haber comunicación telepática. Los rasgos, sin embargo, varían. A veces, se observan figuras de apariencia angelical, en otros casos son enanos macrocéfalos y también se manifiestan entes de aspecto zoomorfo. Pero estos episodios no son aislados, sino que vienen acompañados de fenomenología paranormal. Por tanto, ¿podemos reducir estas experiencias a meras alucinaciones oníricas? ¿Qué otras posibles explicaciones existen para esclarecer el origen y naturaleza de estas visiones anómalas? Antón Rebollido, en su programa 'Milenio' de Radio Galega, entrevista a Moisés Garrido para hablar de los misteriosos "VISITANTES DE DORMITORIO". La entrevista puede escucharse en el siguiente enlace: 





martes, 15 de septiembre de 2015

EN MIS RATOS LIBROS (IV): "¿HUMANOS O POSTHUMANOS?" (Albert Cortina y Miquel-Ángel Serra)

Criogenización, trasplantes de órganos y los últimos avances genéticos son las herramientas con las que la sociedad del siglo XXI pretende evitar lo inexorable en todo ser vivo: la muerte. La inmortalidad sigue siendo a día de hoy una de las utopías más perseguidas por el Hombre. Ya desde los albores de nuestra historia, ritos iniciáticos, expediciones, elaboración de fórmulas y numerosos estudios científicos han sido llevados a cabo para postergar la preciada vida.

Efectivamente, el deseo imperante de hallar la vida eterna ha sido un tema recurrente en infinidad de historias y leyendas a lo largo de los siglos. No obstante, ¿merece la pena ser inmortales? ¿Hasta qué punto convendría a la especie humana y a su entorno prolongar la vida más allá de los límites establecidos por la biología? “Por muy larga que sea la vida de los humanos del futuro y muchas las capacidades impostadas de su cuerpo, es necesario ante todo que sientan un buen motivo para existir. Ese motivo o aliento vital no es una prestación física, ni tan sólo una habilidad, sino una fabricación de la mente, una especie de protorrespuesta a la incertidumbre de su existencia”, es una de las afirmaciones que recoge ¿Humanos o posthumanos? Singularidad Tecnológica y mejoramiento humano (2015), documentada y recomendable obra del abogado y urbanista Albert Cortina Ramos y del biólogo Miquel-Ángel Serra, publicada por Fragmenta, editorial independiente surgida en 2007 que publica "libros no religiosos sobre religiones" y temas trascendentes a nivel humano examinados profundamente pero desde un claro enfoque aconfesional, como la obra que nos ocupa en estas líneas. Ambos autores ponen de relieve dos asuntos que consideran fundamentales para el presente y el futuro de la humanidad. Para ello, exponen en una primera parte dos temas: Análisis: Singularidad tecnológica, firmado por Albert Cortina, y La clave: mejoramiento humano, de Miquel-Ángel Serra, artículos de opinión publicados en la versión on line del diario La Vanguardia. Los escritos suscitaron tan prolífico y diverso debate entre los internautas que fue vertido en Debate 3.0, el capítulo central de esta obra. A éste, el lector deberá prestar especial atención, pues abogados, físicos, filólogos, médicos, filósofos, biólogos, psicólogos, geógrafos y hasta economistas, entre otros, expresan un criterio que conforma una visión multidisciplinar de este controvertido asunto. Finalmente, los autores exponen en el capítulo de cierre titulado ¿Presente o futuro? una serie de palabras clave y cuestiones de actualidad, consiguiendo que lleguemos a conclusiones sobre si debemos o no trascender a través de la inmortalidad. ¿Valdrá la pena? El lector tiene la última palabra.

Asimismo, un detalle que no se debe pasar por alto de este magnífico libro que gira en torno al transhumanismo es que, con su compra, el lector facilita la labor social de SOM Fundació Catalana Tutelar Aspania para que las personas con discapacidad intelectual se sientan amadas, protegidas en sus derechos y con buena calidad de vida.


ALBERT CORTINA Y MIQUEL-ÁNGEL SERRA

(Por Claudia)

viernes, 11 de septiembre de 2015

¿DE VERAS QUE SE HA HALLADO LA ATLÁNTIDA EN DOÑANA?

Suponer que se ha encontrado la Atlántida es mucho suponer, sobre todo, si no se han realizado las oportunas excavaciones y dataciones arqueológicas para evidenciarlo. Decía el sociólogo italiano Marcello Truzzi: "Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias". De nuevo, como cada cierto tiempo, ha surgido alguien que anuncia ser, nada más y nada menos, el afortunado descubridor de los restos pertenecientes a la utópica ciudad imaginada por el filósofo griego Platón en los diálogos de Timeo y Critias (360 a.C.), y que situó más allá de las columnas de Hércules. La Atlántida, guste o no, cae de lleno en el mundo de los mitos: un hábitat ideal ocupado por una sociedad floreciente y pacífica gobernada por una noble dinastía real y que, al final, es destruido por causas naturales atribuidas a la acción de los dioses (metáfora de la destrucción del mundo).  

Reconstrucción de la capital de la Atlántida según Platón

Estos días hemos leído la noticia del presunto descubrimiento de la Atlántida en diversos diarios digitales y en redes sociales. Y mucha gente se lo cree... Al parecer, un empresario gaditano de nombre Manuel Cuevas (no es arqueólogo, ni historiador ni geólogo), observando unas fotos tomadas por satélite a 700 km de altura, afirma haber localizado restos de una gran ciudad antigua en la zona del pinar de La Algaida, junto a la desembocadura del Guadalquivir, en las proximidades de Doñana. Según indica, hay cuatro grandes edificios (uno mediría 360 m por 180 m) y una enorme ciudad de una extensión de 8 km cuadrados. Deduce que el conjunto podría tener no menos de 2.500 años de antigüedad. "Creo en un 99% que he encontrado la Atlántida", asegura sin el menor titubeo. Su "hallazgo" lo ha comunicado a la Junta de Andalucía para que proceda en consecuencia...


Las imágenes observadas por Manuel Cuevas

La Atlántida ha sido ubicada en infinidad de lugares geográficos (Azores, Liberia, Santorini, Troya, Bolivia, Creta, Islandia, Canarias, Antártida, etc.) El tema, sugerente donde los haya, ha sido fruto de mucha especulación pseudocientífica. Se han publicado un sinfín de artículos y libros sensacionalistas, donde el rigor brilla por su ausencia, siendo sustituido por creencias a cual más delirante, como que los extraterrestres mantuvieron contacto con los atlantes o que estos fueron seres perfectos huidos de un lejano planeta en peligro de extinción. He conocido también a personas que afirman ser reencarnaciones de antiguos atlantes o que, en trance, canalizan mensajes de ellos, habitantes hoy de una dimensión espiritual, convertidos casi en maestros angelicales. Asimismo, no podemos olvidar la influencia ejercida por obras como La doctrina secreta y Antropogénesis de la reconocida ocultista Helena P. Blavatsky, quien sostenía que los atlantes eran de raza aria.


Algunas obras dedicadas a la Atlántida

FINDING ATLANTIS

No es la primera vez que alguien sitúa la Atlántida en Doñana tras consultar imágenes tomadas por satélite. En 2004, el ingeniero alemán Rainer W. Kühne utilizó espectro de teledetección sobre unas fotos de la marisma de Hinojos, en el coto de Doñana, y creyó descubrir una supuesta formación artificial compuesta por estructuras rectangulares y anillos concéntricos a su alrededor, muy similar a la descripción de Platón sobre la Atlántida. Escribió sobre ello en un reportaje para la revista American Antiquity (editada por la Society for American Archaeology). El presunto hallazgo atrajo la atención del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y de Richard Freund, arqueólogo de la Universidad de Hartford (Connecticut, EE.UU.), quien emprendió un ambicioso proyecto: buscar la Atlántida in situ con medios tecnológicos y con la cooperación de diversos expertos. Los resultados, nunca concluyentes, vieron la luz en el documental Finding Atlantis (En busca de la Atlántida), producido por James Cameron y emitido por National Geographic en junio de 2011.


Richard Freund, durante el rodaje de Finding Atlantis

Dos de los especialistas que participaron con Freund son buenos amigos míos: los investigadores onubenses Juan Antonio Morales González (doctor en geología) y Claudio Lozano Guerra-Librero (doctor en historia y arqueólogo subacuático), con quienes me he reunido en numerosas ocasiones para hablar de la cuestión. Algunas de dichas reuniones las hemos mantenido en mi casa, aparte de haber asistido a diversas conferencias que ambos han impartido en el ámbito universitario y en el Museo Provincial de Huelva. También les entrevisté para incluir sus opiniones en un artículo que titulé: ¿La Atlántida en España? Hablan los investigadores españoles del equipo de National Geographic, y que vio la luz en la revista Más Allá de la Ciencia (nº 271, septiembre 2011). Ellos han aclarado en todo momento que no han buscado la Atlántida, sino que han puesto los medios técnicos y han aportado sus amplios conocimientos en sus respectivas áreas para contribuir a la investigación encabezada por Freund. Y lo han hecho sin cobrar nada. Conviene aclarar ambas cosas porque en su momento les llovieron críticas muy injustas de "colegas" del ámbito académico. "Como estamos trabajando con un mito y un enigma arqueológico de primera magnitud, me he encontrado de todo, desde gente que, sin haber visto siquiera el documental o haberse aproximado a los datos, se ha mofado de nuestro trabajo y lo ha criticado gratuitamente porque aparece la palabra Atlántida, hasta gente con auténtico peso específico en ciencia que me ha felicitado personalmente y me ha transmitido coraje y empeño para contribuir a la resolución de enigmas, de la naturaleza que sean, aplicando el método científico y una importante carga de trabajo serio", me explicó Claudio Lozano.  

Juan A. Morales, Moisés Garrido y Claudio Lozano

Tampoco ambos comparten las conclusiones expuestas por Freund en el citado documental. ¿Qué hicieron, entonces, durante el tiempo que formaron parte del equipo de National Geographic?, les pregunté: "Básicamente, hemos realizado una campaña de teledetección aplicando un sónar de barrido lateral de alta resolución sobre ciertos sectores de la desembocadura del Guadalquivir, me respondió Claudio. Este sistema permite realizar una precisa cartografía del fondo. Hemos documentado la existencia de formaciones geológicas fracturadas. Su morfología, composición y ubicación en un contexto geográfico que ha sido ocupado por diferentes horizontes culturales invita a pensar que, en el momento en que esas formaciones estuvieron emergidas, pudieron surtir de roca constructiva a los asentamientos cercanos; es una posibilidad. Hay que señalar que no hubo nunca la premisa de la búsqueda de la Atlántida en nuestro proyecto como objetivo de la investigación".         

La responsabilidad de Juan Antonio Morales fue localizar en la costa de Chipiona unas posibles ruinas sumergidas, después de que varios buceadores aficionados comentaran que habían presenciado muros, pavimentos y escaleras. "Para esta misión empleé un sónar de barrido lateral de la Universidad de Huelva, navegando en líneas paralelas hasta cubrir una amplia zona previamente delimitada", me explicó. No encontraron indicadores evidentes de ninguna cultura ancestral, aunque existen indicios de navegación en la zona desde épocas remotas y los yacimientos arqueológicos del entorno indican la presencia de un ámbito social y cultural que, seguramente, participaba de rutas de navegación muy antiguas con el Mediterráneo Oriental. "Lo que encontramos fue una formación geológica que no había sido descrita con anterioridad. La disposición de los estratos hace que parezcan muros, pavimentos o escaleras, cuando no son más que simples formaciones geológicas. Es fácil entender que personas no especialistas en geología, o especialistas en una inspección preliminar, incluyéndome a mí, creyeran ver la mano del hombre en estas estructuras", señala Morales. Concretando, el muro no es más que un estrato geológico más resistente que se ha erosionado menos y que sobresale del fondo. Por su parte, los escalones y pavimentos se han formado debido a que esos estratos geológicos, aun siendo resistentes, también pueden ser combatidos por un fuerte temporal, tumbándolos a modo de fichas de dominó y formando escaleras y pavimentos de origen natural. "Explicación geológica completamente natural", concluye Morales. En los análisis que llevó a cabo, comprobó que se trata de rocas cuarcíticas (compuestas por un 95% de cuarzo), muy duras por tanto, por eso han resistido los embates del mar y han quedado de pie, mientras que el resto formado por pizarra se erosionó rápidamente.

¿Escaleras? ¡No! Estructuras geológicas

No existe, pues, el más mínimo indicio en la zona de una supuesta civilización atlante. Lo único que considera probable el geólogo onubense es que el final de la cultura tartésica estuvo marcado por un tsunami, hecho sobre el que pudo fundamentarse el mito de la Atlántida. Según Claudio, las noticias sobre la destrucción de los posibles asentamientos tartésicos costeros por el tsunami del siglo VI a.C. en Huelva, junto con los yacimientos del Bronce Medio arrasados en el 1.000 a.C. y los del Neolítico-Calcolítico en el 2.500 a.C. en Doñana, permanecían en el imaginario colectivo de los habitantes del actual territorio de Huelva, llegando su leyenda oral a Grecia a través del comercio mediterráneo y siendo empleados por Platón en sus textos políticos como alegoría mítica, denominada la Atlántida. "Aunque también cabe la posibilidad de que existiera en esta zona una cultura anterior, como muestran las evidencias de una minería del cobre y una actividad agrícola durante el tercer milenio a.C. en la zona, que también estuvo afectada por otro tsunami hace unos 4.500 años", añade el geólogo.

Para ambos científicos, la experiencia con National Geographic fue muy enriquecedora tanto a nivel personal como profesional. El documental cumplió su objetivo, que es entretener y estimular el conocimiento sobre determinadas cuestiones que permanecen rodeadas de grandes incógnitas. Aunque los dos coinciden en que la Atlántida es un mito, consideran que hay muchos misterios que merecen la pena investigar con las herramientas que nos ofrece la ciencia. "Casi todos los mitos poseen una base real, de modo que dilucidar la parte material de esa posible base es un trabajo científico, delicado y difícil. Nadie dijo que abordar misterios o hipótesis científicas fuera fácil, pero tampoco nadie dijo que no pudiera hacerse con seriedad, con pasión y sin complejos", puntualizó Claudio. Las investigaciones, según me dejaron claro durante la entrevista, deben continuar. Por cierto, lo que vio Kühne en las imágenes satelitales no tenía absolutamente nada que ver con la supuesta Atlántida. Eran estructuras agrarias de época árabe...

¿Y AHORA QUÉ?

Cuando me enteré de la noticia que estos días se ha transmitido por doquier sobre el supuesto hallazgo de la Atlántida, aunque no le di la menor credibilidad, quise ponerme en contacto con Juan Antonio Morales, que conoce muy bien toda la zona debido a sus exhaustivos estudios geológicos, y así saber qué opina al respecto. "Dicha afirmación ha de ser comprobada", fue lo primero que me dijo. ¿De dónde ha sacado el señor Cuevas que las estructuras que ha observado en esas imágenes corresponden a 2.500 años a. C. (período calcolítico)? ¿Acaso lo ha datado? Evidentemente, no. "Es más, la Algaida no se había formado en esa fecha, según las dataciones de mi compañero geólogo Antonio Rodríguez (ver la figura adjunta). Lo más seguro es que corresponda a algún poblado fenicio, turdetano o romano. En todas esas épocas, la Algaida existía (geológicamente probado) y estaba poblada (documentalmente hablando)", me responde. Afirmar que existe un enorme estuario que llegaba hasta Sevilla es señal de no haber leído los trabajos geológicos que demuestran lo contrario (en el cuadrado A del gráfico puede observarse hasta dónde llegaba la marisma en el 2.500 a.C.). Asimismo, el "descubridor de la Atlántida" sostiene que las estructuras están cubiertas por un depósito marino. Según Morales, "probablemente sea la tsunamita fini-tartésica (C) pero también hubo dos tsunamis en el periodo romano, además del de 1.755. Si no datamos no sabemos cuál es".


Gráfico realizado por el geólogo Antonio Rodríguez 
(Cedido por Juan A. Morales a Moisés Garrido)

En definitiva, semejante afirmación ha de ser probada, corroborada, demostrada fehacientemente. Lo demás, o sea, sacar una conclusión a priori, es confundir al personal. "Todo el mundo puede ver, pero no todo el mundo sabe interpretar. En esto hay muchas cosas que comprobar. Imagino que alguien pondrá manos a la obra para hacer esas comprobaciones", agrega Morales.

Así están las cosas y así se las hemos contado. Y allá cada cual con sus creencias... y sus pretendidos "hallazgos".

(Por Moisés)

domingo, 6 de septiembre de 2015

EN MIS RATOS LIBROS (III): "FREUD Y JUNG. CORRESPONDENCIA"

Cuando nos sumergimos en la lectura de un buen libro es como si se detuviese el tiempo. Me suele ocurrir siempre que leo alguna obra de Carl G. Jung. Me recreo con sus palabras, las medito y las digiero poco a poco para saborear lo mejor posible las apetitosas enseñanzas que este gran pensador y sabio nos transmitió, y que tan influyentes han sido en el desarrollo de la llamada psicología analítica. Sus brillantes ideas nos ofrecen una visión totalmente reveladora y profunda del inconsciente humano, individual y colectivo. Pero en esta ocasión no voy a comentar un libro firmado por Jung, sino más bien una obra que considero imprescindible para conocer detalladamente la relación profesional, así como la amistad y posterior enemistad, que mantuvo con su mentor Sigmund Freud

La reconocida editorial Trotta lleva años publicando todos los textos que salieron de la pluma de Jung. Están agrupados bajo la colección Obras Completas. No hace falta decir que Trotta, cuya andadura editorial se inició en 1990, se esmera con la máxima exquisitez para acercar al lector libros de un gran nivel cultural sobre temas científicos, filosóficos, religiosos, históricos, etc., no en vano recibió en 1999 el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural. El libro que deseo comentar, Sigmund Freud y C. G. Jung. Correspondencia (2012), aunque no está incluido entre los volúmenes de las citadas Obras Completas, está totalmente vinculado a las mismas. Ha visto la luz en la colección Estructuras y Procesos, de la serie Psicología. Sus 613 páginas lo convierten en una pieza única y muy valiosa para todo interesado en el pensamiento junguiano. 

En la primera reunión que mantuvieron Jung y Freud charlaron durante trece horas ininterrumpidas. Fue en Viena, en 1907. Siete años antes, Jung leyó La interpretación de los sueños, de Freud, y quedó fascinado al conocer el concepto de mecanismo de represión. Sobre todo, porque coincidía plenamente con las investigaciones que él mismo estaba llevando a cabo, aunque no estaba de acuerdo con la causa que proponía el padre del psicoanálisis para explicarlo: el trauma sexual. Freud convirtió su teoría en un dogma. Jung disentía. Aun así, se estableció un fructífero lazo afectivo y profesional entre ambos. "Hacerle justicia a Freud no supone, como muchos temen, la sumisión incondicional a un dogma, ya que se puede muy bien seguir conservando un juicio independiente", sostiene Jung en el prólogo de su monografía Sobre la psicología de la dementia praecox (1906). Tuvieron varias reuniones privadas, compartieron casos clínicos, impartieron conferencias y viajaron juntos. Hasta que en enero de 1913 la relación entre ambos se dio por zanjada, debido a las desavenencias surgidas tiempo atrás. El camino emprendido por Jung, adentrándose por terrenos como la mitología, la religión, la alquimia, la astrología, etc., más su desinterés a la hora de priorizar la teoría de la libido, significó para Freud una traición de alguien que consideraba su alumno más aventajado. Leyendo el intercambio epistolar que mantuvieron entre 1906 y 1913 —recogido en la obra que nos ocupa, repleta de referencias a pies de página y completada con comentarios editoriales a las cartas más un índice analítico—, podemos apreciar con total claridad la tensión que afloró entre ambos, maestro y discípulo, a la hora de defender sus antagónicas respuestas sobre la forma de operar la parte oculta del psiquismo que no está dirigida por la conciencia (una tensión que se vio asimismo alimentada por la atracción que despertó en ambos la paciente histérica Sabine Spielrein, que se convirtió en amante de Jung, una historia retratada en el film Un método peligroso).

A pesar del respeto mutuo que se profesaron hasta el fin definitivo de su amistad (en el trato epistolar solían llamarse de usted y habitualmente Freud encabezaba sus cartas escribiendo "Querido colega", mientras que Jung se dirigía a su mentor como "Muy estimado señor profesor"), la crispación, unas veces más intensas que otras, era unánime, aunque más por parte de Freud, que fue quien dio por concluida su relación personal con Jung: "Le propongo, por tanto, cesar por completo nuestras relaciones privadas" (carta fechada el 3 de enero de 1913). El artífice de la teoría del inconsciente colectivo se sintió por fin liberado de la actitud tan paternal y arrogante de Freud, tomando también la decisión de dimitir como presidente de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, que tenía su sede en Zurich. Aquello originó un auténtico cisma, cuyas secuelas aún hoy se perciben en el mundo de la psicología profunda, con bandos claramente diferenciados y hasta opuestos. 

No podemos saber a ciencia cierta quién de los dos influyó más en el otro (me pregunto si Jung hubiese existido sin Freud y Freud sin Jung), pero lo que está claro es que, como bien señala William McGuire en la introducción a la obra aludida, "ambos obtuvieron impulsos creadores a partir de su amistad y del amargo final de esta". Por eso, leer sus misivas supone conocer aspectos íntimos de ambos personajes: sus pasiones, sus sueños, sus proyectos, sus frustraciones... Se aprecia en ellas la dificultad que ambos tienen para separar sus postulados teóricos de lo puramente personal. Freud necesitaba constantemente la aprobación de su pupilo. "No renuncio a esperar que en el transcurso de los años se aproximará mucho más a mí de lo que actualmente considera posible", leemos en la segunda carta enviada por Freud (07-10-1906). Sin embargo, no consiguió ese deseo. "He visto por otra parte con bastante claridad que el término de 'libido' y en general todos los términos transferidos de la sexualidad a su concepción ampliada (y desde luego tienen indudablemente su justificación) resultan equívocos, o al menos no didáctico", le escribe Jung el 31 de marzo de 1907. Freud consideraba que la amistad se resentía cada vez que Jung sacaba a colación alguna idea heterodoxa, como la que expuso en su carta del 8 de mayo de 1911, no sin cierto reproche a su maestro: "Hemos de conquistar también al ocultismo [...] Ahora le estoy dando vueltas a la astrología, cuyo conocimiento aparece como imprescindible para la comprensión de la mitología. En estos oscuros dominios existen cosas maravillosamente extrañas. Déjeme, por favor, vagar a mis anchas por estas infinitudes. Traeré un rico botín para el conocimiento del alma humana"

Podría extenderme más, y lo haría muy gustosamente, pero de lo que se trata es de animar al lector a acercarse a la extensa correspondencia de ambos colosos, reunida en esta magnífica obra editada por Trotta. La cantidad de conocimientos expuestos en sus cartas a través de las lúcidas opiniones clínicas y científicas de ambos colegas, y los datos que suministran sobre el incipiente movimiento psicoanalítico, hacen de estos documentos epistolares un material histórico sin precedentes. Afortunadamente, esta correspondencia se conservó. Jung permitió que Aniela Jaffé, secretaria del Instituto C. G. Jung de Zurich, la leyera. Luego le pidió que se la entregara al doctor C. A. Meier, director de dicho centro. El proceso para la conservación y custodia de las cartas, el consentimiento de Jung y de la familia de Freud para su posible publicación, y los contratos y acuerdos establecidos a posteriori, se explican detalladamente en la introducción de McGuire, que no deja de ser otra lectura sumamente apasionante. En definitiva, Sigmund Freud y C. G. Jung. Correspondencia es una obra fundamental que recomendamos encarecidamente. 


SIGMUND FREUD Y CARL G. JUNG


(Por Moisés)

sábado, 5 de septiembre de 2015

"MUCHO UMMO" (Programa LA SEÑAL, 03-09-15)

En el programa radiofónico LA SEÑAL, conducido desde Argentina por Fernando Silva Hildebrandt, tuve ocasión de hablar del caso UMMO. También participaron Diego Marañón y Débora Goldstern. Comenté la reciente postal ummita enviada desde Londres a varios destinatarios, entre ellos, el ufólogo sevillano Ignacio Darnaude, y repasé la historia de esta trama: sus comienzos, sus entresijos, sus aspectos sectarios y la vinculación de José Luis Jordán Peña. Aquí tenéis el enlace:

CARTEL DEL PROGRAMA

POSTAL UMMITA RECIBIDA POR IGNACIO DARNAUDE

NAVE UMMITA FOTOGRAFIADA EN SAN JOSÉ DE VALDERAS (MADRID)
EL 1 DE JUNIO DE 1967 

ASPECTO FÍSICO DE LOS UMMITAS 

FERNANDO SESMA MANZANO

IGNACIO DARNAUDE Y MOISÉS GARRIDO 

ENRIQUE LÓPEZ GUERRERO Y MOISÉS GARRIDO

(Por Moisés)