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sábado, 24 de septiembre de 2016

HACE 15 AÑOS QUE NOS DEJÓ ANTONIO RIBERA

Un día como hoy de hace 15 años fallecía el ufólogo Antonio Ribera en una residencia geriátrica de La Garriga, cerca de Sant Feliu de Codines (Barcelona), pueblo donde había vivido los últimos treinta años de su vida. Antonio tenía 81 años. Su muerte fue muy sentida entre los interesados por el fenómeno OVNI y quienes tuvimos la suerte de contar con su amistad. Para aquellos que formamos la tercera generación de ufólogos (jóvenes que en los años 80 nos adentramos en la investigación OVNI) era nuestro "abuelo ufológico". Teníamos con él una relación muy afectuosa y cercana. Me resulta imposible olvidar ese lazo amistoso que cultivé con Antonio, un hombre afable, cariñoso y dotado de un gran sentido del humor.

Cualquier persona medianamente informada sobre el tema OVNI sabe de sobra quién fue Antonio Ribera y qué significó en la ufología hispanoparlante. Sus obras son imprescindibles y espero que las nuevas generaciones ufológicas (si las hay) sigan apreciándolas. Leer a Ribera es un auténtico deleite. Si habéis cometido la grave imprudencia de no haber leído nada salido de su pluma, estáis perdiendo la oportunidad de conocer a un extraordinario escritor que puso su mirada en los confines del universo y en cuestiones que permanecen bajo un interrogante. Libros como El gran enigma de los platillos volantes (1966), Secuestrados por extraterrestres (1981), Las máquinas del cosmos (1983), Galería de condenados (1984) o En el túnel del tiempo (1984) son de obligada lectura para quien se adentra en los vericuetos del misterio y en los temas fronterizos del conocimiento. Si pueden, lean también la fantástica revista Horizonte, dirigida por Ribera entre 1968 y 1971. Se trata de la edición española de Planète, influyente revista francesa fundada por Jacques Bergier y Louis Pauwels en 1961. Asimismo, no puedo dejar de recomendar la magnífica biografía de Antonio Ribera titulada El delfín y la estrella (1995), escrita por el periodista Josep Mª Ibáñez. Una deliciosa obra en la que tuve el honor de participar, al igual que otros amigos de Ribera, para exponer lo que ha significado para mí la figura de este admirado ufólogo y escritor. Deseo también destacar su obra póstuma La dimensión perdida (2001), en la que Ribera plasmó detalladamente sus experiencias paranormales y su incursión en asuntos vinculados a la parapsicología. Otra joya bibliográfica para los estudiosos del tema OVNI es Cartas de tres herejes (1999), ya que recoge la correspondencia privada mantenida entre Antonio Ribera, Jacques Vallée y Aimé Michel. Hemos de agradecer a sus editores, Carlos Canales y Jesús Callejo, que emprendieran semejante proyecto. Como bien apuntaba Javier Sierra en el prólogo de dicha obra, "este epistolario demuestra no sólo la calidad humana de sus protagonistas, sino también su deseo profundo de alcanzar respuestas para el fenómeno OVNI y sus denodados esfuerzos por alcanzarlas".      

Bien es cierto que Ribera defendió hasta la saciedad la hipótesis extraterrestre, considerando que los OVNIs son naves procedentes de otros mundos que han llegado a nuestro planeta con fines exploratorios. Estaba plenamente convencido. Tampoco dudó de la realidad del caso UMMO, como dejó entrever en varias obras monográficas que dedicó a este affaire. Citemos, por ejemplo, El misterio de Ummo (1979), Ummo: la increíble verdad (1985) y Ummo informa a la Tierra (1987). Personalmente, disiento de su enfoque puramente ortodoxo y clásico en favor de la hipótesis extraterrestre (mis planteamientos marchan por derroteros distintos), pero no por ello desestimo su notable aportación como precursor y gran estudioso de la realidad OVNI. Al margen de las teorías que cada uno defienda, considero que lo importante es compartir las mismas inquietudes y el mismo afán por buscar la verdad en torno a este fabuloso e irritante enigma, sobre el que nadie tenemos la última palabra.

Para recordar esta efemérides, he creído oportuno rescatar de mi fonoteca una entrevista que me hicieron tras su fallecimiento, ya que tuvo como propósito rendir un merecido homenaje al decano de la ufología. Fue en el programa radiofónico "La Llave del Conocimiento", conducido por Pedro J. Fernández en Onda Cero Cieza. Se emitió el 26 de octubre de 2001. 

Espero que mantengamos siempre vivo en nuestra memoria el recuerdo de Antonio Ribera. Se lo merece.



MOISÉS GARRIDO Y ANTONIO RIBERA
(II JORNADAS SOBRE OVNIS EN VINARÒS, Agosto 1989)

ALGUNAS OBRAS DE ANTONIO RIBERA

DOS RECOMENDABLES LIBROS SOBRE ANTONIO RIBERA

REVISTA "HORIZONTE", DIRIGIDA POR ANTONIO RIBERA

DEDICATORIAS DE ANTONIO RIBERA A MOISÉS GARRIDO

CARTA DE ANTONIO RIBERA A MOISÉS GARRIDO
(20-09-1995)
(Por Moisés)

viernes, 9 de septiembre de 2016

FONOTECA DE LO INSÓLITO (XVI): "FANTASMAS Y FENÓMENOS PARANORMALES" (Debate, Euskal Telebista, 1992)

En esta nueva entrega de "FONOTECA DE LO INSÓLITO", hemos rescatado de nuestros archivos el audio de un antiguo debate emitido en Euskal Telebista que giró en torno a los FANTASMAS Y FENÓMENOS PARANORMALES. Intervinieron: Jaume Bordas (parapsicólogo), Manuel Berrocal (médico), Javier Akerman (psicólogo) y Félix Ares de Blas (arpío). ¿Existen los fantasmas? ¿Quién provoca los poltergeist? ¿Qué dice la ciencia sobre los fenómenos paranormales? De todo ello se habla en esta amena tertulia que data de 1992. Pueden escucharla o descargarla desde el siguiente enlace:



miércoles, 7 de septiembre de 2016

EN MIS RATOS LIBROS (XV): "CEREBRO Y TRASCENDENCIA" (Ramón María Nogués)

"Entiendo la trascendencia como una dimensión que nos penetra por todas partes. Quiero dejar claro desde el inicio que, aunque la noción incluye la trascendencia religiosa, no se reduce exclusivamente a ella. La trascendencia es una forma peculiar de conocimiento y de expresión compleja, abierta, que configura nuestra originalidad mental y resulta imprescindible para coronar 'desde arriba' las otras formas más funcionales del saber", explica Ramón María Nogués en la introducción de su ensayo Cerebro y trascendencia (Fragmenta, 2013). Para el autor, la pasión amorosa, la ética, la estética... también son cuestiones trascendentes. Puntualización más que necesaria antes de acometer una obra como la que vamos a reseñar, de importancia capital por los sugerentes temas abordados. Nogués es catedrático emérito de antropología biológica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha realizado estudios de pedagogía, filosofía y teología. Asimismo, ha colaborado en equipos interdisciplinares de neuropsiquiatría. Es escolapio desde 1955 y presbítero desde 1961. Una de sus especialidades es la neurobiología de la religiosidad (véase su excelente obra Dioses, creencias y neuronas, publicada en 2011 también por Fragmenta).

En el primer capítulo, El organismo, el cerebro y la mente, Nogués reconoce que la palabra mente es un término poco preciso. Decir únicamente que es una capacidad atribuible al cerebro o que es el resultado de un proceso evolutivo ciego sería quedarnos demasiado cortos, máxime siendo tan complejas las funciones mentales, hasta el punto de que considera necesario, en su opinión, formular una nueva filosofía de la mente. "Uno puede suponer que la vida acaba por manifestarse en procesos mentales y conscientes de una forma similar a como la materia acaba exhibiendo vida, pero ni los átomos explican con su naturaleza la vida ni las neuronas la mente o la conciencia", sostiene. En ese sentido, se une a quienes, como el premio Nobel de Medicina Gerald M. Edelman, consideran que seguir los procesos neurales que dan lugar a la conciencia no permite identificar sin más la estructura neural y la conciencia.  

Nogués reconoce que todo el mundo neurobiológico moderno se orienta hacia el monismo, no habiendo lugar apenas para el dualismo platónico o cartesiano, salvo honrosas excepciones, como el premio Nobel de Medicina John C. Eccles, dualista de convicción. "La comprobación experimental que aporta la neurociencia de la total correspondencia entre las funciones mentales y las estructuras cerebrales ha dirigido el pensamiento moderno a manifestar su convicción por la unidad cerebro-mente, de tal manera que la mente se considera la función del cerebro", manifiesta. Cierto es que no podemos ignorar la importancia que supone la psiconeurobiología, ya que explica algunos aspectos de la conciencia y del yo que resultan válidos, aunque hemos de admitir también que la ciencia moderna "no puede pretender agotar todo el análisis y la comprensión de la realidad". De hecho, la propia neurología es incapaz de identificar cualquier proceso concreto que pueda explicar satisfactoriamente la conciencia reflexiva. De ahí que muchos neurólogos actuales estén acercándose con mayor interés hacia los aspectos inconscientes de la mente. Un ejemplo sería el neurólogo Eric Kandel, que intenta establecer lazos entre la neurología y el psicoanálisis. Como bien señala Nogués, "la ignorada, temida y a menudo menospreciada presencia del inconsciente convierte nuestra vida mental en un mundo lleno de enigmas con una pequeña parte emergida menor —como en el caso de los icebergs— y, por lo tanto, con una capacidad explicativa del conjunto de la vida mental insignificante debido al desconocimiento de las raíces que lo sustentan".

En su obra, hace mucho hincapié en la importancia de la trascendencia. Y para él, como ya hemos dejado entrever anteriormente, trascender significa ir más allá de la realidad inmediata y, concretamente, de las necesidades estrictas. "Cuando el cerebro humano deja de preocuparse por lo imprescindible, piensa en sí mismo, reflexiona", subraya. Así pues, indica que la trascendencia es la capacidad de explorar, experimentar, expresar y proponer dimensiones y valores que están más allá o son más profundos que los conocimientos deducidos de las evidencias experimentales.

Otra cuestión que el autor considera esencial es la relación entre razón y emoción. En la actualidad, se están analizando las estructuras cerebrales que están implicadas directamente en la experiencia razón-emoción. "El juego mental más delicado es un inextricable complejo de razones y emociones, y es en este complejo donde se produce la enigmática búsqueda de la trascendencia que caracteriza en algunos momentos a la mayoría de las experiencias humanas", aduce. Lejos de lo que sostenían Platón, Kant y Descartes —los tres cometieron el grave error de separar razón y emoción—, hoy sabemos que las implicaciones emocionales están presentes en todo razonamiento. Incluso ya se está identificando esa relación con determinadas redes cerebrales halladas entre los grandes núcleos subcorticales y del córtex. Nogués tiene claro que "no existe percepción, ni memoria, ni razonamiento, ni acción instintiva, ni sentimiento ni decisión que puedan presentarse como un resultado limpio o puro no influenciable por las otras dimensiones mentales que conjuntamente constituyen el patrimonio concreto de la mente humana. La memoria y su consolidación, por ejemplo, dependen fuertemente de la emoción". Ni siquiera la ciencia está exenta de esa dimensión emocional. Ahí tenemos, por ejemplo, la intuición, que siempre ha cumplido un papel destacado en los descubrimientos científicos, y que podría estar relacionada con eso que el neurólogo Antonio Damasio llama marcador somático, una especie de proceso subliminal e inconsciente que, usando recursos de la razón, la memoria y las emociones, nos orienta a la hora de tomar decisiones.  

Nogués sugiere, en definitiva, que cuando hablamos de lo trascendente nos estamos refiriendo a una realidad que se halla fuera de los parámetros espaciales y temporales en los que nos manejamos. "Lo trascendente no se encuentra ni 'más acá' ni 'más allá'; simplemente no está en ninguna parte. Se trata de un estado sin lugar. Tampoco es necesario situarlo ni en el fin ni en el comienzo de nada, ya que no dispone de una pervivencia condicionada por el tiempo", concluye. Aborda, como no podía ser de otro modo, la siempre compleja y controvertida cuestión de Dios y su relación con la trascendencia, ya que ésta suele configurarse hacia dimensiones religiosas y espirituales.

Sin duda, estamos ante una obra muy esclarecedora, escrita con gran dominio de los temas expuestos, todos abordados desde la reflexión profunda y calmada. Es un acierto, pues, que la prestigiosa editorial Fragmenta apueste por libros de este calado intelectual, que resultan tan valiosos para quienes nos gusta ahondar en los misterios que encierra la mente humana, la parte más trascendente —nunca mejor dicho— de nuestro ser.



RAMÓN MARÍA NOGUÉS (Foto: www.ara.cat)

(Por Moisés)

lunes, 5 de septiembre de 2016

EL COMETA HALLEY: SUPERSTICIÓN Y CIENCIA

Desde la más remota antigüedad, el hombre ha atribuido un origen sobrenatural a aquellos fenómenos de su entorno que no podía comprender. Tal fue el caso de los cometas, antaño de naturaleza imprevisible y cuya aparición hacía augurar desastres. “Los autores competían entre sí por dar las descripciones más fantasiosas y así aumentaban el miedo a los cometas (…) Cuando aparecía un cometa se tomaba nota del año y luego se describían los acontecimientos terribles que ocurrían poco después. Esto se consideraba una «prueba» de que los cometas anunciaban catástrofes. Como es lógico, había hechos terribles todos los años, apareciesen cometas o no, de manera que allí no había pruebas de nada”, afirma el escritor Isaac Asimov en su obra El cometa Halley, donde aborda diversas cuestiones en torno a estos cuerpos siderales y en especial al que da título a la obra, cuyo recorrido tarda 76 años en acercarse a nuestro planeta. Su última visita fue en 1986 y se prevé que regrese en el año 2061. Al parecer, ha coincidido en momentos históricos trascendentales. El asesinato de Julio César en el 44 a. C. tuvo lugar el mismo año de su paso sobre nuestra orbe. Fue visto por los cielos de Jerusalén en el 66 a.C. Cuatro años después, la ciudad era tomada por los romanos. En la Bretaña del año 1066, durante la Batalla de Hastings, los soldados sajones del rey Harold fueron presa del pánico al observar en el firmamento una llamarada procedente del temible intruso. Finalmente, fueron vencidos por las tropas de Guillermo el Conquistador. Este hecho dio lugar al inicio de la formación de la moderna Inglaterra.

Sin embargo, pese a su inicial carácter profético, el cometa no solo fue relevante desde un punto de vista histórico, sino también desde una perspectiva científica. Siglos después, en 1682, este misterioso cuerpo volvía a provocar el miedo entre la población, si bien por aquel entonces ya había estudiosos que habían mostrado su interés por este tipo de fenómenos desde un punto de vista más racional. Uno de ellos fue Edmund Halley, físico, matemático y astrónomo británico, quien tras repasar en antiguos registros, descubrió que los cometas censados en los años 1531, 1607 y 1682 se trataban del mismo objeto. Halley consultó a Isaac Newton, uno de los más prominentes científicos de su época, sobre la fuerza que podía controlar su movimiento. Newton le respondió que el cometa se desplazaba de forma elíptica gracias a una fuerza que disminuía con el cuadrado de su distancia al Sol. Al parecer, las investigaciones de Newton sobre la gravedad, iniciadas dos décadas atrás, tenían mucho que ver con su interés por el desplazamiento del cometa. Halley se quedó tan asombrado por su razonamiento y por sus hipótesis que decidió financiar sus investigaciones. Gracias a esto, Newton publicó en 1687 sus Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, trilogía de libros que aportaban, entre otros conocimientos, datos muy precisos sobre el movimiento de los cuerpos celestes. Con esta información, Halley pudo predecir que la siguiente aproximación del cometa a nuestro planeta sería en el año 1758. Y así ocurrió. Fue entonces cuando se le bautizó como Cometa Halley. Edmund Halley fue el primero en calcular la órbita de un cometa. Pero este logro no fue una casualidad, pues ya tenía una dilatada experiencia en la investigación. Fue miembro de la Royal Society, la organización de mayor prestigio intelectual y científico de la época. Su incesante curiosidad le hizo viajar por varios países de África y América para estudiar el magnetismo terrestre y calcular la edad de la Tierra según la concentración de sal en los mares. No conforme con semejantes proyectos, se interesó por estudiar la desviación angular de la posición aparente del sol (paralaje), el movimiento y la distancia entre las estrellas (paralaje estelar). Fue además segundo Astrónomo Real y director del Observatorio de Greenwich. No cabe duda que se trataba de un hombre único y poco habitual, al igual que el cometa que lleva su nombre.

COMETA HALLEY/NASA

EDMUND HALLEY/Thomas Murray, 1687

ISAAC NEWTON/Godfrey Kneller, 1689

PRINCIPIOS MATEMÁTICOS DE FILOSOFÍA NATURAL

COMETA HALLEY EN LA BATALLA DE HASTINGS/Tapiz de Bayeux
(Por Claudia)

domingo, 4 de septiembre de 2016

PROYECTO: HIBRIDACIÓN EXTRATERRESTRE (Moisés Garrido, Misterio en Red, 03-09-16)

Hay personas que aseguran haber sido secuestradas por alienígenas. Es más, hay personas que afirman haber mantenido contactos sexuales con esos seres. Según cuentan, están llevando a cabo un programa de experimentación genética para crear una raza híbrida entre ellos y nosotros. ¿Son experiencias reales o fruto de la imaginación calenturienta de sus protagonistas? ¿Qué dicen los expertos que estudian estas historias? ¿Son mitos reactualizados? De todo ello, hablo en la entrevista que ayer me hizo Esteban Palomo a través de su programa "Misterio en Red". Pueden escucharla o descargarla en el siguiente enlace:



(Por Moisés)